Mi hijo no es perfecto.
Como cualquier adolescente, comete errores, se equivoca y está en proceso de aprender.
Y como padre, siempre he estado dispuesto a que enfrente las consecuencias de sus actos.
Pero hay una línea que no se puede cruzar sin responsabilidad.Cuando se utiliza una palabra como “acoso sexual” hacia un menor, no estamos hablando de una falta escolar.
Estamos hablando de algo que puede marcar su identidad, su reputación y su desarrollo emocional.
Lo que más me inquietó no fue la acusación en sí.
Fue cómo se manejó.
No hubo claridad en los procedimientos.
No hubo un proceso transparente.
No hubo acompañamiento adecuado.